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Artículos de política exterior

SUMARIO: 1. ¿Cambios en el equilibrio de poder mundial?. 2. Estrategia global de la UE tras el Brexit y la elección de Trump.3. Adivinando América.4. Europa, Europa, Europa. 5.Una política internacional del ciberespacio. 6. ¿Qué es la Unión Europea?. 7.Gibraltar Europeo.

                                                                                                           ***

7. GIBRALTAR EUROPEO

30-abril-2017

José María Molina Mateos

         El desiderátum jurídico recogido en recientes declaraciones del ex ministro británico de Asuntos Exteriores, el laborista Denis MacShane, precedidas de otras procedentes del ‘backstage’ conservador o del núcleo duro del nacionalismo británico, evidencian el nerviosismo reinante a consecuencia de las consecuencias del Brexit para Gibraltar.

         Los gibraltareños expresaron su clara voluntad de que Gran Bretaña permanezca en la Unión Europea por un 95,91% con ocasión de la celebración del referéndum del pasado junio, que evidencia donde están mejor protegidos sus intereses. Voces interesadas sacan a relucir los resultados de otro referéndum, celebrado ya hace quince años, y considerado ilegal por España, en el que los ‘llanitos’ se pronunciaron contra la cosoberanía.

         Pero tras el Brexit las cosas cambian y si se quiere que los gibraltareños sigan disfrutando de su estatus europeo, se ha de decidir sabiendo cual es la situación jurídica real de Gibraltar a la luz de los tres marcos jurídicos esenciales en los que se sitúa la controversia: el bilateral, el de Naciones Unidas y el del Derecho de la UE.

         Mediante el Tratado de Utrecht en 1713, España cede a Gran Bretaña la propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, junto con su puerto, defensas y fortaleza que le pertenecen, sin jurisdicción territorial y sin comunicación por tierra con el país circunvecino, así como bajo la condición de que si a Gran Bretaña le pareciese conveniente ‘dar, vender o enajenar’, de cualquier modo esta propiedad, se le dará a España la primera acción antes que a otros para redimirla. Mediante este Tratado no se cedió ni el istmo, ni las aguas territoriales ni el espacio aéreo supra yacente. Por lo que la ocupación del istmo es ilegal y las aguas territoriales y el espacio aéreo, al no estar comprendidos en el artículo X del Tratado de Utrecht, siguen siendo españolas.

         La doctrina de la Asamblea General de Naciones Unidas, expresada a través de diversas resoluciones y decisiones es que Gibraltar es una colonia; que esta situación destruye la unidad nacional y la integridad territorial de España y por ello resulta incompatible con la Resolución 1514 sobre descolonización general; que la cuestión de Gibraltar debe ser resuelta mediante negociaciones bilaterales entre España y el Reino Unido; que en estas negociaciones han de tenerse en cuenta los intereses de la población gibraltareña, y que sólo la ONU puede decidir cuándo se ha completado el proceso de descolonización de Gibraltar. Hasta hoy, este territorio sigue estando incluido en la lista de Naciones Unidas de territorios dependientes.

         Tras el restablecimiento de la democracia, España y el Reino Unido retoman las conversaciones sobre Gibraltar en la Declaración de Lisboa de 1980, desarrollada en el proceso de Bruselas, llevado a cabo en el contexto de la pertenencia de España a la OTAN y su inminente ingreso en la CEE, que finaliza con una Declaración en 1984. En ella el Reino Unido admite abordar ‘las cuestiones’ de soberanía (en plural), lo que implica la inclusión de las controversias sobre el istmo, aguas y espacio aéreo, ocupado por los ingleses y no cedidos en Utrecht. España asume el compromiso de suspender las restricciones aéreas y de comunicaciones, lo que supuso la apertura de la Verja en 1985.

El proceso de Bruselas permanece estancado pese a las numerosas solicitudes de España para activarlo, siendo la posición del Reino Unido que las negociaciones bilaterales están condicionadas al acuerdo de Gibraltar que se opone a la bilateralidad del proceso e, incluso, que Gibraltar ha de aceptar el reinicio del mismo.

El Foro de Diálogo sobre Gibraltar, a tres bandas, instaura en 2004 un nuevo formato complementario, pero separado del bilateral proceso de Bruselas, para tratar cuestiones relativas a la cooperación en beneficio de los ciudadanos del Campo de Gibraltar y los de La Roca. Este Foro quedó bloqueado a consecuencia de la insistencia por parte de Gibraltar de utilizar las conversaciones sobre aspectos técnicos y cooperación local, para avanzar en sus pretensiones en materia de soberanía.

La situación es que Gibraltar no forma parte integrante del Reino Unido, sino que es territorio  que está bajo soberanía británica y el Reino Unido asume sus relaciones exteriores. Por ello, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 355.3 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, hasta ahora, le resulta de aplicación los Tratados de la UE.

La salida del Reino Unido de la UE tiene consecuencias jurídicas. Para aplicar los Tratados de la UE a Gibraltar se necesitaría que otro estado miembro asuma sus relaciones exteriores, lo que conduce, inevitablemente, a que si se quiere preservar su estatus dentro del bloque europeo, sea España quien las asuma en las condiciones que se pudieran convenir bilateralmente con el Reino Unido. Una de ellas es la cosoberanía. La posición de nuestro país, ya es sobradamente conocida por los 28, al haberles sido eventualmente comunicada por García-Margallo, anterior Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación español.

         Todo ello, con independencia que la situación de Gibraltar respecto al Derecho Internacional tendrá que ser negociada, también bilateralmente, entre el Reino Unido y España, de acuerdo con las Resoluciones y doctrina de Naciones Unidas.

         Si por parte británica existe, como se dice, voluntad real de velar por los intereses de los gibraltareños, tanto ellos como Picardo, su Ministro Principal, deben reconocer que su sitio está en la Unión Europea y que ¡Gibraltar en Europeo porque Gibraltar es Español!.

 

6. ¿QUE ES LA UNIÓN EUROPEA?.

Publicado en EL HOY, 7-abril-2017

José María Molina Mateos

         La reunión de los jefes de estado y de gobierno europeos para celebrar el 60º aniversario de la firma del Tratado de Roma, ha sido una gran ocasión para esbozar la Europa que queremos y señalar el punto de partida de una nueva etapa en la andadura común.

         Dada la importancia de un paso de esta naturaleza en el actual contexto internacional, como cuestión previa, tal vez no sería baladí hacer un pequeño recordatorio de lo que realmente es Europa, pues no son pocas las ocasiones en las que, el lenguaje está confundiendo su naturaleza[1]. Esta circunstancia podría incidir en las expectativas que suscita y, cuando estas se frustran, convertirse en un factor  estimulador del euroescepticismo.

         Es bastante común expresarse sobre la Unión Europea como si fuese un Estado soberano que tiene la plenitud de poderes generales, cuando realmente no es así.  La UE no dispone de territorio, uno de los tres elementos esenciales que requiere un Estado para su creación y permanencia, junto con la población y una organización política soberana. La UE como toda organización intergubernamental, no es un sujeto de base territorial sino que tiene una base meramente funcional e, igualmente, como todas ellas, posee un ámbito espacial de aplicación de sus normas. Por consiguiente, no existe un territorio de la UE, sino un ámbito espacial de aplicación de los tratados y normas derivadas.

         En base a ello, se podría definir a la UE como un compromiso político interestatal, articulado mediante tratados y normas derivadas, delimitado espacialmente por su ámbito de aplicación, que tiene como destino común la creación de un espacio de paz, estabilidad y prosperidad en Europa, con vocación de proyección en el mundo de los principios, valores e intereses que le son propios.

         Al no estar descrito en los tratados de la UE el territorio de cada Estado miembro sino que es determinado por normas internas y por tratados con sus vecinos, cuando un Estado ingresa o sale de la UE, lo hace con todo el territorio que tenga reconocido internacionalmente en el momento de la adhesión o desconexión. El territorio estatal es un hecho externo a la UE aunque de ello se derivan consecuencias para la organización, al ser los territorios estatales de los Estados miembros, los que determinan el ámbito espacial en el que son de aplicación los tratados y el derecho derivado europeo. No obstante, la posición de la UE y sus Estados miembros a favor de la unidad nacional e integridad territorial es un factor político considerable y de especial interés para España que tiene planteada, por activa y por pasiva, reivindicaciones territoriales. En el primer caso respecto a Gibraltar que está bajo la soberanía del Reino Unido y, en el segundo debido a las reivindicaciones de Marruecos respecto a unos territorios que son españoles por Derecho, Ceuta, Melilla, islas Chafarinas, y los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas.

         El nuevo entorno internacional reclama una presencia y protagonismo crecientes de la UE que es percibida desde fuera como un actor global necesario y decisivo para la prevención de los conflictos, el mantenimiento de la paz, la gestión de crisis, la reconstrucción de países,  la protección de los derechos humanos o la promoción de la democracia.

         El proyecto europeo siempre ha avanzado a impulsos que han ido inaugurando ciclos sucesivos de mayor integración. Desde dentro y desde fuera de la UE se demandaba más Europa.

         En el 60º aniversario de la firma del Tratado de Roma que ha creado una Unión promotora de la cooperación pacífica, el respeto de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad y la solidaridad entre naciones y pueblos europeos, el balance de los últimos meses es negativo: cadáveres en el Mediterráneo, Francia en estado de emergencia terrorista desde julio, resultado del referéndum británico a favor del Brexit, derrota del referéndum constitucional italiano, nuevo atentado en Londres…Todo ello sobre un modelo de Estado del bienestar resentido por la política de austeridad practicada por la Troika (Banco Central, FMI y Comisión) y recortes en derechos sociales.

         Hoy no solo se pide una integración europea cohesionada, articulada y armonizada, a velocidad de crucero, sino ‘mejor Europa’, que reactive el proceso político, democrático y transparente, consolide el funcionamiento de sus instituciones, aplique verdaderas políticas europeas y recupere el dinamismo de unas economías debilitadas, mediante la combinación del crecimiento sostenible con el desarrollo social. El Libro Blanco parece ser poco ilusionante y carente de una visión global. Europa necesita de éxitos contundentes como en su momento fue la creación del euro, las becas Erasmus o Schengen

        Desde luego la UE no es un Estado, una nación o un país, ni una federación, y no parece que vaya a serlo, al menos de momento. Pero Europa sí que es un actor mundial de referencia, dotado de un modelo singular, basado en un pacto voluntario entre Estados soberanos con vocación decidida de perpetuarse en el tiempo, en la que, los federalistas y europeístas más convencidos, se declaran a favor de una efectiva unión política y económica, que daría vigor al proyecto más ambicioso, racional e inteligente que jamás haya conocido Europa, con los ciudadanos en el centro de la actividad de las instituciones.

 

[1] ‘Territorio, integridad territorial y fronteras del Estado en la Unión Europea’, Conferencia de Araceli Mangas Martín, pronunciada el 22 de enero de 2016 en la Universidad de León.

5.UNA POLÍTICA INTERNACIONAL DEL CIBERESPACIO

22-marzo-2017

José María Molina Mateos

         Mantener un ciberespacio abierto, libre y seguro es un reto mundial al que han de hacer frente los gobiernos, las organizaciones internacionales, el sector privado y las sociedades civiles, de todo el mundo.

La Unión Europea en su Estrategia de ciberseguridad, recoge que en su política internacional del ciberespacio promoverá la apertura y la libertad de Internet, alentará las actividades de elaboración de normas de conducta y aplicará el Derecho internacional existente en este campo; tomará medidas para superar la brecha digital y participará activamente en los esfuerzos internacionales de creación de capacidades de ciberseguridad. Su compromiso internacional estará presidido por los valores esenciales de la UE: dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y respecto de los derechos fundamentales.[1]

La política internacional sobre el ciberespacio ha de ser coherente de forma que estreche relaciones con los distintos países del mundo y las organizaciones internacionales, la sociedad civil y el sector privado. Para ello resulta esencial una colaboración con las organizaciones que trabajan en este ámbito tales como el Consejo de Europa, la OCDE, las Naciones Unidas, la OSCE, la OTAN, la UA, la ASEAN y la OEA, o con el Grupo de Trabajo UE-EE.UU. sobre Ciberseguridad y Ciberdelincuencia.

Entre los aspectos principales de una política internacional de ciberseguridad está la promoción del ciberespacio como ámbito de libertad y derechos fundamentales, por considerar que el acceso a Internet impulsa y promueve los procesos democráticos en todo el mundo. Creando un ámbito mundial de conectividad exento de censura y de actividades de vigilancia masiva, con una fuerte coordinación global y de responsabilidad de las empresas.

Todos los que intervienen en la sociedad de la información mundial, desde los ciudadanos a los Estados, han de velar por la seguridad del ciberespacio. Para ello serán necesarias normas de conducta que sean respetadas por todos. En lo relativo a la seguridad internacional se adoptarán medidas de fomento de la confianza en la ciberseguridad a fin de aumentar la transparencia y reducir el riesgo de que se pueda mal interpretar la forma de actuar de los Estados en la defensa del ciberespacio y la prestación de servicios en el mismo.

De igual modo, se respetarán las obligaciones jurídicas establecidas en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Convenio Europeo de Derechos Humanos y la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, y su aplicación en el ciberespacio.

Para combatir la ciberdelincuencia explotar las posibilidades que ofrece el Convenio de Budapest para redactar actos jurídicos nacionales en materia de ciberdelincuencia y como base para la cooperación internacional.

Para el caso de que los conflictos armados se extiendan al ciberespacio, se aplicará el Derecho internacional humanitario y, en su caso, el Derecho internacional en materia de Derechos Humanos.

En el ámbito político organizativo, parece aconsejable integrar las cuestiones vinculadas al ciberespacio en las relaciones exteriores, la política exterior y de seguridad.

 

[1] Estrategia de ciberseguridad de la Unión Europea, 8 de febrero de 2013.

                                                                                                 

4.  EUROPA, EUROPA, EUROPA

7-marzo-2017

José María Molina Mateos

La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales del pasado 8 de noviembre suscitó multitud de interrogantes, entre ellas las relacionadas con la política exterior y de seguridad de los EE.UU. durante su mandato, con todo lo que ello implica para el resto de los países del mundo y el equilibrio de poder global.

         Al finalizar el mandado de Obama, la posición de EE.UU. como superpotencia mundial ha de ser matizada ya que se puede apreciar que, tanto el incesante crecimiento de la República Popular China como la Federación de Rusia, son amenazas al sistema unipolar tal y como se ha venido concibiendo.

         Si bien es cierto que EE.UU. ha sido la única superpotencia mundial desde el derrumbamiento de la antigua Unión Soviética, no es menos cierto que le sigue de cerca la República Popular China que viene creciendo desde hace tres décadas a un ritmo vertiginoso, aunque tenga puntos débiles en tecnología y en el exceso de población que puede mutar hacia mayor riqueza si logra convertir el ahorro doméstico en consumo.

         Tercero en la carrera está la Federación de Rusia, con un futuro algo más incierto por su gran dependencia de los precios globales de la energía que puede ser muy grave si no diversifica la economía. No obstante, sus abundantes recursos naturales le garantizan un puesto como jugador clave en el equilibrio económico y político mundial, constituido en amenaza por su agresiva política exterior con decisiones tomadas por un solo partido y, tal vez, un solo hombre, Putin, que evocan viejas prácticas autoritarias de la extinta URSS.

         El nuevo equilibrio de poder mundial que se vislumbra en el sistema internacional parece orientado a estar dirigido por varios Estados que actuarían de acuerdo con sus propios intereses, influenciados por sus respectivos líderes regionales y, solo, en los asuntos estrictamente globales, por la superpotencia americana. Las mayores influencias que una nación tendría en su economía y en su política, serían las procedentes de sus socios comerciales, de los miembros de los tratados vinculantes que hayan firmado o los de las organizaciones a las que pertenezca.

         A juzgar por las alternativas ofrecidas por Trump durante la campaña, de llevarse a cabo, producirían un giro copernicano en el papel internacional de EE.UU. desde hace más de un siglo.

De especial interés resultan las expectativas creadas sobre la nueva relación ruso-norteamericana, pasando por alto los expedientes de Ucrania y Crimea, la intervención de Rusia en Siria del lado de los enemigos de la potencia americana y elevando, eventualmente, su relación bilateral al rango de aliado.

Sobre la OTAN el presidente electo llegó a advertir a los aliados europeos que, o hacen un mayor esfuerzo económico y militar, o EE.UU. se retiraba de la Alianza, a la que critica por estar obsesionada con la contención rusa, aunque posteriormente ha bajado el tono.

Transcurridos los primeros cuarenta y cinco días de la presidencia de Trump, firmadas las primeras órdenes ejecutivas y confirmados los primeros augurios, queda por ver cuáles son las repercusiones que podría tener lo que dice y, al parecer, también hace, el ya presidente Trump, en la Estrategia Global sobre Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea aprobada el pasado mes de junio, mediante la que se forja una política exterior más unificada y significativa, concebida y elaborada con anterioridad a que ocurrieran dos acontecimientos en cierto modo inesperados, constituidos por el Brexit y la elección de Donald Trump.

En la estrategia se plantea de forma realista y urgente la acuciante necesidad de la integración europea en el marco de una situación geopolítica grave, reconociendo que la UE no ha ejercido una influencia decisiva en los acontecimientos de su entorno. El Brexit y la presidencia de Trump, unidas a determinadas carencias en su texto, ponen de relieve la falta de intensidad y convicción de los planteamientos que hace sobre la ‘autonomía estratégica’ de Europa. Todo ello, sin cambiar la percepción de que EE.UU. seguirá siendo clave para el papel de la UE en el mundo durante mucho tiempo, permite augurar una revisión de la estrategia para adecuarla a los nuevos acontecimientos.

Frente al ‘America first’ lanzado al mundo por Donald Trump, los veintisiete, unidos hemos de gritar al unísono ‘Europa es esencial’ (L’Europe est essentielle). Y, en su seno, España tiene nítidamente marcada su posición. Precisamente, uno de los objetivos de la Política Exterior española es la construcción de una Europa más integrada y más legítima ante sus ciudadanos, que se constituye como un actor global de referencia y así consta en el art. 2.2.g) de la Ley de Acción y del Servicio Exterior del Estado.

Sin tibiezas ni mojigaterías, relativismos ni distintas velocidades, los europeos, con Alemania, Francia, Italia y España a la cabeza, han de lanzarse de forma decidida hacia la plena integración para lo que se requiere, ineludiblemente, tres cosas: Europa, Europa y Europa. Con todo lo que ello implica y asumiendo, de una vez por todas, la articulación de una defensa europea que permita ser decisiva en los conflictos de su entorno. Solo así Europa podrá jugar el papel que le corresponde como actor mundial de referencia, ser decisiva en los destinos del mundo y evitar que las veleidades estratégicas de Trump, la pueda reducir a la insignificancia.

En todo caso, afortunadamente, América es algo más que su Presidente. Es un sólido entramado de instituciones, intereses y valores.

                                                                                                ***

3. ADIVINANDO AMÉRICA.

6/2/17

José María Molina Mateos   

         Decía Donoso Cortés, a la sazón, embajador en París, en un comunicado de fecha 24 de febrero de 1.853, dirigido al Ministro en Madrid, ‘Lo importante no es escuchar lo que se dice sino averiguar lo que se piensa’.

        Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca contra todo pronóstico, incluso antes, durante la campaña electoral, sobre todo, en su fase final, cuando comenzó a percibirse como su próximo inquilino, todos los centros de poder del mundo, las cancillerías, los analistas políticos, diplomáticos, económicos, militares y, el largo etcétera de ávidos del saber que rige los destinos del mundo, hacían cábalas para conocer realmente qué pensaba este singular e insólito personaje, que irrumpía, desde su condición de ‘outsider’, en el puesto más decisivo de la política mundial: la Presidencia de los Estados Unidos.

         Estos centros neurálgicos se afanaban, y siguen haciéndolo, centrados en la persona, persuadidos de su importancia en el puesto que ocupa, incrementado por el carácter presidencialista del sistema americano. Por tanto, atendiendo a su pasado, su historia, sus motivaciones, experiencia y éxitos, etc., elaboran un perfil que, validado por las primeras actuaciones llevadas a cabo desde el Despacho Oval, hace cundir la inquietud de forma generalizada; la incertidumbre se instala en muchos de los observadores, siendo especialmente intensa en aquellos intelectualmente menos consistentes y, en consecuencia, más vulnerables.

         Jugar a ‘vidente’ geopolítico en asuntos de transcendencia mundial requiere credenciales que exigen algo más que ver lo que está en la superficie, de fácil percepción para cualquier observador y, demanda, una profundización en el análisis que supere la apariencia y busque ‘la verdad’.

         La magnitud y transcendencia de lo que está en juego requiere algo más que estar bien informado y, si se quiere jugar en la ruleta predictiva, exige indagar más allá del hombre e incluso del cargo.

         La frase de Donoso Cortés, de sujeto tácito y genérico, es aplicable no solo a Donald Trump como hombre y como Presidente, sino a otros, muchos otros [si se prefiere, ‘también a otros’] que dan voz al entramado institucional norteamericano que materializa el juego de pesos y contrapesos derivados de la excelente arquitectura constitucional de los Estados Unidos proporcionada por sus Padres Fundadores.

         Por tanto, es prematuro e inconsistente, y tal vez también sea  desaconsejable, sacar conclusiones precipitadas acerca de EE.UU. y del equilibrio global, basadas solamente en los dichos y hechos, de Donal Trump.

         Mientras tanto, si se quiere tratar de ‘averiguar lo que piensa EE.UU.’ como forma de calmar la inquietud y prepararse para lo que pudiera venir, parecería prudente analizar todo lo que dice y hace el entramado institucional americano en su conjunto, por supuesto, incluido Donal Trump como Presidente de la Nación, y lo que dice el pueblo americano. Los cumplimientos, o no, de los dichos, y los hechos efectivamente realizados, nos irán indicando una sucesión de posiciones con las que poder obtener una dirección, resultado de su media ponderada que, proyectada hacia el futuro, nos proporcione, por estimación, el trazado de su hoja de ruta que, eventualmente, no estará muy alejada de lo que ‘piensa’ la gran nación americana.

         No se puede olvidar que la llegada de un nuevo presidente a la Casa Blanca es un acontecimiento democrático de primera magnitud mundial y, como tal, tiene enormes consecuencias, entre ellas -pero no solo- poner a prueba la consistencia de las instituciones. Evidencia el normal funcionamiento del sistema democrático estadounidense y, eventualmente, veremos también el desenvolvimiento ordinario de las instituciones más representativas del país y el de una sociedad civil, con experiencia de siglos en democracia.

         Con independencia del desagrado que puedan suponer algunas manifestaciones o decisiones, estas generan más incertidumbre en los entornos alejados de la realidad política e histórica de la primera potencia del mundo, curtida en mil batallas democráticas libradas a lo largo de su ya larga existencia como Estado.

         Tampoco se puede obviar que, en un mundo interdependiente y globalizado, con fuertes nexos de unión entre la política exterior, la economía, la ecología y la política interior, la propia sociedad americana y las instituciones de los E.E.U.U., son los primeros interesados en no poner en cuestión sus valores tradicionales, sus libertades, la preservación del medio ambiente global o arriesgarse a perder su hegemonía mundial, que incidiría directamente en su propio nivel y estilo de vida.

         En la valoración conjunta del ‘fenómeno Trump’, tampoco se debe olvidar que está siendo el ‘dedo señalador’ de algunos problemas que aquejan a las democracias occidentales y un revulsivo para dinamizar viejos temas pendientes, entre ellos, la madurez política, económica y militar, de la UE.

         Todo ello ocurre en momentos en los que se vislumbran cambios en el orden mundial de modo que, en un par de décadas, podría haber dos superpotencias, China y EE.UU., equilibradas por Japón, Unión Europea, Rusia e India. Y no parece que nadie desee demasiado precipitar los acontecimientos.

          No obstante, si se quiere saber lo que dice Estados Unidos se tendrá que escuchar su Voz, y sintonizar ‘otras emisoras’ adicionales a las de Donald Trump. Si se quiere conocer lo que hace o, eventualmente hará, el Estado Norteamericano, habrá que analizar, también, lo que diga su pueblo y hagan sus Instituciones. Solo después, el mundo sabrá la posición de ‘América’ y podrá actuar en consecuencia. Una alarma prematura, además de insuficientemente fundada, puede ser inconveniente para el orden mundial y la estabilidad global.

 

2. ESTRATEGIA GLOBAL DE LA U.E. TRAS EL BREXIT Y LA ELECCIÓN DE TRUMP.

21/12/16

José María Molina Mateos

            La Estrategia Global sobre Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea aprobada el pasado mes de junio, mediante la que se forja una política exterior más unificada y significativa ha sido concebida y elaborada con anterioridad a que ocurrieran dos acontecimientos en cierto modo inesperados, constituidos por el Brexit y la elección de Donald Trump como presidente de los EE.UU.

         Ambos acontecimientos tienen transcendencia geopolítica y relevancia mundial suficiente como para que, por sí solos, pudieran plantear serios interrogantes acerca de cómo queda la nueva Estrategia Global de la U.E. y que, sumados sus efectos y añadidos a la gravedad de la situación geopolítica de Europa, ya contemplada en el texto, se amplifican exponencialmente y obligan a replantearse su contenido.

         La EGPES es un documento sólido y profundo, que plantea de forma realista y urgente la acuciante necesidad de la integración europea en el marco de una situación geopolítica grave, reconociendo que la UE no ha ejercido una influencia decisiva en los acontecimientos de su entorno. Las propuestas que contiene se orientan a la acción en lugar de quedarse en formulaciones retóricas e incorpora nuevos conceptos como el de ‘pragmatismo basado en principios’, el de ‘resiliencia’ que implica la necesidad de que los Estados y las sociedades incorporen la disposición de reformarse, o el compromiso con las instituciones multilaterales que supone la necesidad de que la UE apoye el orden internacional basado en normas, que es la clave de la estabilidad regional y mundial, y de la gobernanza global. De igual modo, son claras las alusiones a la violación de las leyes internacionales por parte de Rusia y sus intentos desestabilizadores en Ucrania.

         No obstante, el documento tiene carencias tales como la falta de un análisis de las causas por las que la UE no ha ejercido una influencia decisiva en su entorno inmediato, cual es la posición ante la ampliación -no solo de Turquía- o la excesiva burocratización de los procesos de toma de decisiones.

         De todas estas carencias y a la vista de lo ocurrido con el referéndum de Gran Bretaña sobre su salida de la UE en el marco del proceso conocido como Brexit, y la inesperada llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, toma un especial significado la falta de intensidad y convicción de los planteamientos que hace sobre la ‘autonomía estratégica’ de Europa y, tal vez sea este un punto que, en función de cómo se desarrollen los acontecimientos haya que modificar y traer al presente lo que en el documento se plantea hacia el futuro. Todo ello, sin cambiar la percepción de que EE.UU. seguirá siendo clave para el papel de la UE en el mundo durante mucho tiempo.

         Como quiera que la Estrategia Global de Europa es la hoja de ruta para las próximas décadas, el Brexit y Trump permiten augurar una revisión de la misma para adecuarla a los nuevos acontecimientos.

 

1. ¿CAMBIOS EN EL EQUILIBRIO DE PODER MUNDIAL?.

20/12/16

José María Molina Mateos

            La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales del 8 de noviembre suscita multitud de interrogantes, entre ellas las relacionadas con la política exterior y de seguridad de los EE.UU. durante su mandato, con todo lo que ello implica para el resto de los países del mundo y el equilibrio de poder mundial.

         Al finalizar el mandado de Obama, la posición de EE.UU. como superpotencia mundial ha de ser matizada ya que se puede apreciar que, tanto el incesante crecimiento de la República Popular China como la Federación de Rusia, son amenazas al sistema unipolar tal y como se ha venido concibiendo.

         Si bien es cierto que EE.UU. ha sido la única superpotencia mundial desde el derrumbamiento de la antigua Unión Soviética, no es menos cierto que le sigue de cerca la República Popular China que viene creciendo desde hace tres décadas a un ritmo vertiginoso, aunque tenga puntos débiles en tecnología y en el exceso de población que puede mutar hacia mayor riqueza si logra convertir el ahorro doméstico en consumo.

         Tercero en la carrera está la Federación de Rusia, con un futuro algo más incierto por su gran dependencia de los precios globales de la energía que puede ser muy grave si no diversifica la economía. No obstante, sus abundantes recursos naturales le garantizan un puesto como jugador clave en el equilibrio económico y político mundial, constituido en amenaza por su agresiva política exterior con decisiones (Ucrania, Siria…) tomadas por un solo partido y, tal vez, un solo hombre, Putin, que evocan viejas prácticas autoritarias de la extinta URSS.

         El nuevo equilibrio de poder mundial que se vislumbra en el sistema internacional parece orientado a estar dirigido por varios Estados que actuarían de acuerdo con sus propios intereses, influenciados por sus respectivos líderes regionales y, solo, en los asuntos estrictamente globales, por la superpotencia americana. Las mayores influencias que una nación tendría en su economía y en su política, serían las procedentes de sus socios comerciales, de los miembros de los tratados vinculantes que hayan firmado o los de las organizaciones a las que pertenezca.

         A juzgar por las alternativas ofrecidas por Trump durante la campaña, de llevarse a cabo, producirían un giro copernicano en el papel internacional de EE.UU. desde hace más de un siglo.

         De especial interés resultan las expectativas creadas sobre la nueva relación con Rusia, pasando por alto los expedientes de Ucrania y Crimea, la intervención en Siria del lado de los enemigos de la potencia americana y elevando, eventualmente, su relación bilateral al rango de aliado.

         Sobre la OTAN el presidente electo ha advertido a los aliados europeos que, o hacen un mayor esfuerzo económico y militar, o EE.UU. se retirará de la Alianza, a la que critica por estar obsesionada con la contención rusa.

         Ante el grosor de las afirmaciones del candidato republicano en campaña, solo queda conocer un ‘pequeño detalle’: si el Presidente cumplirá o no sus promesas electorales.

 

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