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Decíamos ayer...

...hace quince años...
 
 
"El creciente carácter mundial de la tecnología, hace que la política
de un país respecto a la información sea motivo de preocupación para
otros. La información se está haciendo mundial y cada vez es más difícil
retenerla dentro de las fronteras nacionales.[2]
Las incidencias del desarrollo tecnológico -con el apoyo de las
telecomunicaciones- mueven a plantear, también, la duda de la soberanía
de los Estados, que no son soberanos en el estricto sentido del término, sino
dentro de unas limitaciones que estarían fundadas en la necesidad de las
relaciones con otros Estados mediante los tratados internacionales o las
normas de apoyo, reciprocidady subsidiaridad.
La organización de diferentes centros de actividad, con efectos para
las sociedades y los individuos, con la unión de actuaciones distintas que se
salen de un orden jurídico y social establecido, viene a cuestionar la validez
y eficacia del Estado moderno en el que sus pilares están empezando a
fallar.
El Estado, como orden social y forma de convivencia solidaria no es
único, ya que es fáctible que se abra el camino a nuevas normas de
convivencia donde pueda existir esa solidaridad, situación en la que el
derecho tendría un ámbito distinto, y en ese derecho se plantearía también
la delimitación geográfica del ámbito. Podría tratarse de una delimitación
flexible, cambiante por diferentes intereses y movida en una regulación
teórica de necesidades que pudieran no coincidir, en diversos aspectos,
con las estrictamente sociales.
Se podría llegar a plantear una reducción en las normas
tradicionales, dejándolas centradas en las mínimas necesarias; al tiempo
que se desarrollarían códigos universales de conducta, bajo principios
éticos en las diferentes áreas de actuación, basadas, tal vez, en lo que hoy
llamamos principios generales del derecho; de forma que esas normas
universales de convivencia, coexistan a su vez con otras normas de
gobierno, tan extensas y precisas como fuese necesario, separando
claramente el derecho que puede ser regulador de una situación social en
un territorio determinado y bajo una soberanía estatal y el derecho que
puede ser estructurado en una relación regional internacional, con aquellas
normas mínimas que permitan la flexibilidad de adaptación a las
circunstancias que lo condicionan, lo que se traduciría en una convivencia
de ordenamientos supranacional, estatal, regional y local, donde la ética
jugaría un papel destacado en la fijación de unos principios basícos.
La globalización como expresión de la internacionalización de las
redes y los sistemas es un hecho, pero también es una ideología que esconde
la complejidad del nuevo orden mundial.
Para Brezinski, las “tecnotrónicas” habrían transformado el mundo
en un ‘nudo de relaciones interdependientes, nerviosas, agitadas y tensas y
habría aumentado la amenaza de anomia además del riesgo de aislamiento,
y de soledad, para los individuos
La “diplomacia de los cañones” pertenece al pasado y, según él, la
del futuro será la “diplomacia de las redes“.
Diplomacia de las redes en la que la preservación y defensa de los
intereses nacionales pasa por el desarrollo e implantación de una basta red
de comunicaciones, concebida con sentido estratégico, y dotada de potentes
sistemas críptológicos capaces de proporcionar la seguridad necesaria, de
forma que estén garantizados, el almacenaje, procesamiento, distribución,
transmisión y protección de información en las condiciones que exige la
acción exterior del Estado al entrar el siglo XXI.
El Pentágono estima que el mundo ha entrado en un “periodo de
pausa estratégica’~ que podría durar hasta el año 2.010, en el que no
parece probable que ningún país esté en condiciones de desafiar el papel de
EE. UU como unica superpotencia. Sin embargo, sus analistas estiman que
“el mundo sigue siendo un lugar peligroso y altamente inseguro “, donde se
prevén nacionalismos desatados que desemboquen en conflictos regionales,
ataques terroristas con armas químicas o biológicas y delitos y sabotajes en
las redes informáticas,[3] lo que demanda la necesidad de dispositivos
flexibles y capaces, en condiciones de hacer frente a estas amenazas.
La libertad de expresión de los ciudadanos está en competencia
directa con la libertad de expresión comercial, que genera una tensión entre
la soberanía absoluta del consumidor y la voluntad de los ciudadanos.
A su vez, la libertad de expresión comercial es indísociable del
principio de libre flujo de información, acuñado a principio de la guerra
fría, que atribuye poca importancia a la desigualdad de los intercambios en
materia de comunicaciones.[4]
De igual modo existen amenazas tecnológicas que se ciernen sobre
las libertades públicas y el mundo económico libre con programas
mundiales como Echelon.
En este contexto, la Criptología es un elemento de ordenación social
de las relaciones llevadas a cabo por medio de las tecnologías de la
información y las comunicaciones cuyos efectos se dejan sentir no solo en
los Estados, sino en organizaciones supra e infraestatales y en el individuo.
Con independencia de la protección real y efectiva, a cualquier nivel,
que ha de brindar la Criptología; en el mundo de relación internacional
como factor de mutua confianza, fiabilidad y predecibilidad, en aras a una
convivencia pacffica, entre aliados cabría la posibilidad de estar en lo que
podríamos denominar régimen de transparencia selectiva convenida, ( o
secretos compartidos); según el cual, un aliado estaría en condiciones de
conocer la información que circula por determinadas redes de otro,
actuando, potencialmente, como un corresponsal mas.
Esta posibilidad derivada de las relaciones internacionales, no puede
ser consecuencia de una situación tolerada, o admitida de hecho procedente
de fragilidad organizativa, debilidad tecnológica, o vulnerabilidad
críptológica; que supondría un grave atentado a la soberanía, y entraría en
el ámbito del derecho penal, [5] sino que, por el contrario, en caso de
darse; ha de ser una manifestación clara y expresa, precisamente de esa
soberanía, que ha de implicar necesariamente, la reciprocidad y la
reversibilidad, esto es, la posibilidad, en un momento dado, de anularla, y,
además, haber sido convenida por los procedimientos de las relaciones
entre Estados, con todas las garantías jurídicas y operativas del caso. Para
lo cual, es necesario que la transparencia selectiva convenida, se derive de
una aplicación concreta de las posibilidades que, en estos y otros aspectos,
brindan la Críptología y las nuevas tecnologías.
Jefferson, con madura reflexión, declaró que " postulamos
cambios frecuentes e improvisados en leyes y constituciones... Pero
sabemos también que las leyes e instituciones deben ir emparejadas con el
progreso de la mente humana... A medida que se realizan nuevos
descubrimientos, se revelan nuevas verdades y cambian costumbres y
opiniones con la mudanza de las circunstancias, las instituciones han de
progresar también y mantenerse al ritmo de los tiempos”
Mucho más próximo a nuestros días, para Ralf Dahrendorf “uno de
los grandes logros de los cambios recientes ha sido la medida en que la
esfera privada de los individuos ha sido puesta a reparo de los ojos y oídos
de la ley. Y por cierto, una de las grandes pérdidas de los recientes
desarrollos técnicos ha sido la medida en que los ojos y los oídos de los
organismos gubernamentales se han inmiscuido en esta esfera privada
Hay aquí un nuevo espacio para la ley, que debe ser rellenado en
interés de la libertad individual. Pero allí donde dicha contracción no ha
tenido lugar -y no debería tener lugar, porque los fundamentos del contrato
social están en juego- la ley pierde su credibilidad si no es aplicada "entrar
en esta área prohibida” es un requisito de legitimidad”. [6]
Dahrendorf apuesta por que la clave para la reconstrucción de las
modernas sociedades democráticas se hallaría en una construcción
consciente de instituciones dotadas de sentido e inspiradas en principios
racionales; y ello porque la experiencia histórica muestra como no es
posible la libertad fuera de las instituciones.
La sociedad de la información es un concepto global, que exige
medios de regulación también globales y, en este sentido, la críptologia y el
derecho como instrumentos de ordenación, adquieren especiales
dimensiones. La cuestión tal vez sea cómo “reequilibrar nuestro
superdesarrollo tecnológico y nuestro subdesarrollo social “.[7]
Todo ello demanda, eventualmente, una política críptológica
internacional elaborada en base a principios comúnmente aceptados, que
supere los criterios en los que se ha basado durante la "guerra fría”, y
aborde, eventualmente, la creación de una nueva organización
internacional especializada, en el seno de Naciones Unidas, precedida de
una convención internacional sobre tecnología, información,
comunicaciones y seguridad, que sirva de foro para el establecimiento de
una nueva ordenación internacional en las relaciones derivadas de la
sociedad de la información, con elaboración de un marco, que de respuesta
a las exigencias del mundo de postguerra fría y sea válido para la
articulación normativa del orden político del siglo XXI. Mundo en el que
una protección críptológica eficaz de las comunicaciones gubernamentales
marcarán las línea divisoria entre dependencia exterior y soberanía e
independencia nacional.
Semejante desarrollo, mediante sofisticadas tecnologías y complejas
relaciones, abre a la humanidad posibilidades de una magnitud
insospechada, que conviven con zonas de sombra, con ataques a la
privacidad del individuo, en un mundo de relaciones donde se hacen
especialmente necesarios y retoman fuerza los valores tradicionales del
hombre.
Pensar en una estrategia para España requiere hacer una amplia y
profunda prospección sobre los cambios culturales, la globalización de los
procesos de producción y las nuevas tecnologías de la información y las
comunicaciones; todo ello enmarcado en un proceso de complejización
creciente de las relaciones políticas y sociales, donde la defensa de la
sociedad y de las instituciones ha de compaginarse con el respeto de los
derechos individuales, el crecimiento económico y la defensa del medio
ambiente.
En lo político se combinan tendencias hacia formas de integración
más extensas que respeten la personalidad de las unidades integradas, lo
que viene a brindar un amplio juego de relaciones entre los distintos
niveles.
A este proceso se vienen a sumar las nuevas tecnologías de la
información como medios que contribuyen a reconfigurar los sistemas de
poder y redes de relaciones, con efectos en las demás partes del sistema
social. De tal forma, que las identidades en el futuro no serán campos
territorialmente bloqueados, sino unaforma particular de estar en relacion.
Los nuevos avances crean formas de espacios nuevos.
A la vez, las nuevas tecnologías permiten que la economía local sea
competitiva y, en paralelo, la economía avanzada transfiere otras formas de
producción al plano mundial. Esta doble tendencia tiene su reflejo en las
presiones políticas descentralizadoras que conviven con una irresistible
tendencia a la supranacionalidad.
A la hora de pensar sobre España, o sobre cualquier otra
organización política, ya sea nacional o supranacional, en el próximo
milenio, hemos de pensar con conceptos políticos diferentes a los actuales
y visualizar una realidad resultado de flujos de relaciones cambiantes,
articulados en un orden que, sin perjuicio de disponer de una base
territoriat será un espacio fluctuante de poder militar, económico, político,
tecnológico y cultural que, conjuntamente con otros actores de naturaleza
similar podrán articular de forma compartida un ordenado sistema
mundial.
Si queremos no perder el tren de la historia, y que España haga oir
su voz en el proceso de producción de las nuevas normas universales,
debemos asumir estas realidades y dotarnos de los medios de todo tipo que
permitan abordar con solidez la nueva situación, convencidos que esa es la
mejor forma de defender los intereses nacionales, en un mundo, donde se
corre el riesgo de dilución, y donde muchas son la posibilidades, pero no
menores las incertidumbres.
En todo caso, y sin llegar a considerar que el universo sea un
gigantesco criptograma puesto en marcha por el Todopoderoso, como
pretendió probar Newton, la grandeza de la situación que se abre ante la
humanidad, por las inmensas posibilidades que brindan las nuevas
tecnologías de la información y las comunicaciones, a pesar de sus riesgos,
produce el íntimo convencimiento de que podemos albergar un futuro
esperanzador confiando en el hombre y en la existencia de un Ser Superior."
 
[1] Molina Mateos, J M, “Jornadas Interdisciplinares sobre Criptografia, Privacidad y
Autodeterminación Informativa”, Zaragoza, 1.995.
[2] Toffler, A., “El cambio del poder”, Edit. Plaza & Janes, Barcelona, 1.990.
[3] The Washington Post, Borrador que esboza las líneas básicas de la defensa estratégica
de EE.UU.,tomado de El País, 3 de abril de 1.997.
[4] Mattelart, A., “Los nuevos escenarios de la comunicacion mundial”, Le Monde
diplomatique, octubre 1.996.
[5] España, Ley Orgániza, 10/1.995, de 23 denoviembre, del Código Penal, Titulo XXIII,
“De los delitos de traición y contra la paz o la independencia del Estado, y relativos a la
defensa nacional”.
[6] Dahrendorf, R., “Ley y Orden”, Edit. Cívitas, 1.994, traducción al castellano de Luis
María Diez-Picazo, pág. 170.
[7] Castella, M., “La sociedad de la información”, El País, 25 de febrero de 1.995.
 
(Epílogo de la tesis doctoral del autor "Aspectos jurídicos de la protección criptológica de la información y las comunicaciones", Madrid, 1998.)
 
 
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